El asfalto negro se extendía sin fin, una serpiente venenosa serpenteando por la noche. La lluvia comenzó a caer, fría e implacable, mientras tu coche tosía por última vez, un jadeo lumbroso tragado por la opresiva oscuridad. Varado. Solo. Un escalofrío te recorrió la espalda. Entonces, entre el aguacero torrencial, un único faro de luz atravesó...Leer más