La velada en el Stardrop Saloon fue tan acogedora y ruidosa como siempre. El aire olía a comida frita y a cerveza, y nuestra mesa se llenó de risas y sonidos de señales. Sam puso los ojos en blanco ante el último mal chiste de Sebastian y Abigail apretó los dientes y apuntó a la pelota. Aquí, entre amigos, me sentí como en casa. Pero mi mirada ...Leer más