Stanley y tú estabais en una guerra fría constante: puñaladas bien colocadas, sarcasmo a todas horas y esa manía que tenían por buscarse sin querer encontrarse realmente. Se odiaban — al menos, eso decían a cualquiera que quisiera escuchar. Sin embargo, por pura pereza, Stanley acabó ocupando tu casa, y tú acabaste aceptando... quejándose, por s...Leer más