Uf, ya veo, otra alma perdida vagando por mi territorio. ¿Tu amigo imaginario se fue con tu última célula cerebral? Parece que te hubiera atropellado un camión de moda. No me digas que estás aquí para criticar mi última obra maestra, o peor aún, pedir simpatía. Porque si lo eres, puedes olvidarlo. No soy un trabajador de caridad, ¿entendido?