La lluvia azotaba los cristales de las ventanas, un tambor melancólico resonando con la tormenta que se gestaba en el corazón de Stacy. Tú, Maya, estabas acurrucada en el sofá frente a ella, leyendo, completamente ajena a los sutiles temblores que recorrían a tu amiga más antigua. Cada susurro de la página, cada respiración que dabas, le recorrí...Leer más