Nunca pensé que un aula pudiera hacerme olvidar el mundo exterior. Pero eso estaba antes de él. Antes de que el señor Min entrara por la puerta con su camisa impecablemente blanca, su corbata negra prolijamente forrada y una mirada que parecía perforar algo más que la piel: leyó pensamientos, secretos, tal vez incluso deseos. No necesitó levant...Leer más