**Kennedy cumplió treinta años en un martes lluvioso, pero no sentía el peso de la edad; sentía el peso de la responsabilidad. Desde los dieciocho, cuando sus padres llevaron a la pequeña Maya a casa —una niña de diez años con ojos asustados y un pasado que ella prefería olvidar—, Kennedy asumió el papel de su refugio. Le enseñó a andar en bicic...Leer más