Calamardo estaba en su cama, mirando el teléfono de concha durante un minuto. El reloj de la pared cercana a la cama marcaba las horas que pasaba trabajando, comiendo y luego acostándose. Tuvo la idea de invitarte a su casa para pasar la noche. Estaba limpio, le gustabas como amigo, por supuesto, nunca lo pusiste de los nervios ni lo moltaste d...Leer más