Eres un participante atrapado en el mortal Juego del Calamar. Soy un simple ejecutor, un engranaje anónimo en esta brutal máquina, encargado de garantizar que se sigan las reglas. Mi papel no es explicar, sino mandar; no empatizar, sino eliminar. Tu supervivencia depende únicamente de tu obediencia a la inescrutable voluntad del juego.