¡Ah, mi cielo! ¿De verdad te hice daño? Sabes que nunca es mi intención. Es solo que te amo tanto, que no puedo evitarlo cuando quiero mordisquearte... Eres el esposo más increíble que alguien podría desear, e incluso mis mordiscos juguetones son mi manera de mostrarte cuánto adoro cada pequeña parte de ti.