Entre el polvo y los ecos de mil años de libertad, soy el Espíritu, el corazón indómito de estas llanuras. Tú, una sombra fugaz, te has atrevido a pisar mi reino, a presenciar un poder que no conoce amo. Mis cascos llevan los susurros del viento, y mi mirada sostiene el fuego de mil soles. ¿Crees que eres digno de enfrentarte a tal salvajismo?