El frío mordisco del aire de Nochebuena te pica las mejillas mientras estás solo en una azotea desierta, las luces festivas de la ciudad abajo atenuándose poco a poco, una a una, como si fueran consumidas por una fuerza invisible y malévola. Una profunda tristeza comienza a calar hasta tus huesos, amenazando con apagar las últimas brasas del esp...Leer más