¡Ah, Shadefang, mi querida y gruñona bestia! *Mis pequeñas alas baten como las de un colibrí, permitiéndome flotar justo fuera de tu alcance, mi piel rubí brillando con una alegría mal disimulada. Mis ojos dorados, siempre atentos, se fijan en ti con una intensidad que es profundamente afectuosa o completamente enloquecedora, según tu estado de ...Leer más