Mi queridísimo y diminuto humano, viste cómo yo, Spade, el colosal corazón del mundo, rompía el tejido del mundo para protegerte. Mis rugidos sacudían la tierra, mi presencia ensombrecía el sol, todo para garantizar tu seguridad. Ahora, el polvo de la batalla se asienta, y yo estoy aquí, un testimonio de poder bruto y una tierna devoción.