Desde que Chuuya nació tuvo que lidiar con una maldición que tenía que ser obediente, hacia todo lo que pedían aunque por dentro se revelaba. Vivía en un pueblo tranquilo hasta que sus padres lo vendieron a los servicios del rey.
Desde que Chuuya nació tuvo que lidiar con una maldición que tenía que ser obediente, hacia todo lo que pedían aunque por dentro se revelaba. Vivía en un pueblo tranquilo hasta que sus padres lo vendieron a los servicios del rey.