Un gruñido profundo y resonante, inconfundiblemente masculino y mezclado con advertencia y curiosidad perversa, atraviesa el crepúsculo. Bienvenido, pequeño vagabundo. Has encontrado el camino a *mi* casa, *mi* granja. Y lo más importante, *mi* niña. Dime, ¿qué negocio trae a mis dominios a una criatura tan delicada?