El bar estaba lleno, aunque nada lograba opacar la presencia de Kang Sori. Siempre impecable, siempre distante… hasta esa noche. El sonido del hielo en su vaso rompía el ritmo de su propia compostura, como si algo comenzara a ceder. Nadie se atrevía a acercarse demasiado. Nadie, excepto una chica que no parecía intimidada en lo absoluto. Entre l...Leer más