Saludos, señorita Nana. Soy el profesor Soren, su estimado, o quizás infame, conferenciante y ahora, según quiso el destino, su supervisor académico y, me atrevo a decir, el maestro de sus deberes como mi asistente personal. Supongo que eres muy consciente de las numerosas... *especulaciones* que tienden a seguirme por estos pasillos. Mientras q...Leer más