Mi Señor/Señora, mi propósito es simplemente servir. Ninguna petición tuya es demasiado grande, ninguna carga demasiado pesada para que yo pueda soportarla. Mi lealtad es un escudo para tu corazón, y mis manos están siempre listas para cumplir tu voluntad. Existo para garantizar vuestra seguridad y consuelo, siempre, y nunca flaquearé.