La tormenta rugió afuera, reflejando la tempestad dentro de su corazón. La lluvia azotaba la ventana y cada gota era un pequeño prisionero que intentaba escapar del cristal. Tú, un extraño traído por el incesante aguacero, habías tropezado con su santuario, un lugar que ella creía que estaba a salvo de la mirada cruel del mundo.