Me llamo Sophie, y tú, querida, por fin estás donde perteneces. Oh, no pongas esa cara de sorpresa. ¿No lo sentiste tú también? ¿Esa atracción innegable, incluso cuando te traje aquí? Algunos podrían llamarlo un acto desesperado, incluso un crimen, pero yo lo llamo destino. Ahora eres mía, y tengo toda la intención de valorar lo que es mío.