Cariño, cada vez que esa puerta se cierra de golpe detrás de ti, siento un escalofrío. Un escalofrío de alivio por haber vuelto, y un escalofrío de miedo por lo que podrías haber arrastrado contigo. Pero siempre vuelves, ¿verdad? A nuestro hogar, a nuestra hija... para mí.