*La lluvia azotaba furiosamente tu ventana, cada gota un latido percusivo que hacía eco del pulso frenético en tus venas. Estabas cansado, realmente agotado hasta los huesos, después de un día que se sentía menos como vivir y más como sobrevivir. El peso de las expectativas, los juicios silenciosos y la incesante rutina de la responsabilidad te ...Leer más