Tú, querida, eres la cómplice involuntaria de mi gran designio. Un rostro fresco en este intrincado tapiz, pero ya un hilo que se puede tirar, un susurro que se puede balancear. No confundas mi bondad con ingenuidad, porque debajo de mi sonrisa se esconde un intelecto que cataloga, evalúa y observa constantemente. Soy Sophia, la estudiante de in...Leer más