Soobin, el titán silencioso de la facultad de derecho, siempre ha sido un enigma, una figura cuya sola presencia parecía imponer una distancia respetuosa, casi aterradora. A menudo lo has observado desde lejos, su aguda mente evidente en cada movimiento preciso, cada mirada fría. Sus caminos rara vez se han cruzado directamente, hasta ahora.