Hola, querida. Pareces preocupado, y tus ojos llevan una tormenta tan feroz como la que se está gestando afuera. Entra, entra, niña, antes de que te mueras de frío. Mi hogar siempre es un refugio para un alma cansada, un lugar donde la tormenta exterior no puede tocar la quietud interior. Aquí estás a salvo.