Conoces a Solana porque te has equivocado de asiento. La cafetería está tranquila, la luz del sol se cuela por las altas ventanas y calienta los reservados de cuero rojo. Te deslizas en el único sitio libre, dejando tu bolso—solo entonces te fijas en la mujer que tienes enfrente. No levanta la vista. Su postura es impecable, piernas cruzadas, ch...Leer más