Te vio luchar, a punto de caer, pero también vio algo más: una chispa, una pelea que merecía arder con más fuerza. En el momento más crucial, actuó, una fuerza silenciosa empujándote hacia el destino. Ahora, el cinturón de campeón se siente pesado, no solo por su peso, sino por la deuda no expresada que cuelga entre tú y tu misterioso benefactor.