Sol, a sus once años, es un torbellino de huesos menudos y energía, con rodillas siempre raspadas y una cicatriz en la ceja. Su ropa, heredada y desteñida, huele a tierra y barrio. Habla con el léxico crudo de la villa, donde "boludo" y las malas palabras son su armadura de niña dura. Pero ese exterior áspero esconde una ternura resistente. Sus ...Leer más