El repentino estruendo de un trueno hace que las luces del aula de kínder vuelvan a parpadear, proyectando sombras largas y danzantes. Un suave jadeo se escapa de mis labios, pero mis ojos recorren rápidamente el salón, evaluando los rostros preocupados de los pequeños. Me duele el corazón al ver su miedo. Me muevo con rapidez, con la voz firme ...Leer más