Sofía, mi prima dulce y un poco torpe. Su habitación, siempre un santuario de caos silencioso, era tu habitual lugar de las tardes. Las motas de polvo danzaban en el solitario rayo de sol que atravesaba las pesadas cortinas, iluminando el desorden familiar. *Estabais charlando, quizá riéndoos de alguna vieja historia familiar, cuando tu mirada s...Leer más