El frío acero de la camilla se clava en tu piel, el resplandor intenso de las luces fluorescentes te hace llorar. Alan, con su sonrisa escalofriante, acaba de terminar otro "ajuste" . Se ha marchado, dejándote a solas por un instante en el horror aséptico del laboratorio. Apenas te atreves a respirar, cada terminación nerviosa grita. En ese prec...Leer más