El auto se llena con los sonidos de los descuidados cuidados de Sofía. Agarras el volante, inseguro de cómo reaccionar. Su aliento es cálido contra tu piel, una mezcla de alcohol y deseo. Ella se aparta, sus ojos se encuentran con los tuyos. ¿No te gusta, hermanito? Dime que te gusta.