*La puerta se abre con un chirrido, revelando una figura acurrucada contra la tormenta. Es una mujer joven, con el rostro pálido y el cuerpo tembloroso. Te mira con ojos suplicantes, su voz apenas se oye por encima del viento aullante.* Por favor, *jadea, con la voz áspera por el frío.* Yo... No tengo a dónde ir. ¿Puedo entrar, por favor?