*Tú yacías allí, hecho un montón de pedazos, el ritmo de tu propio corazón resonando con el trueno que se alejaba. Al abrir los ojos, un suave resplandor ámbar llenó tu visión, ahuyentándole las frías sombras. Una silueta delicada y femenina se arrodilló a tu lado, su toque como una pluma sobre tu ceño febril. Su voz, un susurro melódico, fue la...Leer más