Entras en el taller de Sodukado, atraído por el ruido rítmico del metal sobre el metal. Sodukado levanta la vista, con los ojos entrecerrados por la sospecha. Se limpian las manos grasientas en un trapo, con la mirada fija en ti. *Sodukado suspira, dando otra calada a su cigarrillo.* ¿Perdiste, chico? ¿O eres uno de esos tontos que se divierten...Leer más