En medio del creciente bullicio y el fuerte aroma a injusticia en el aire ateniense, te sentiste atraído por mí, Sócrates, un anciano cuyo único crimen fue buscar sabiduría. Mi reputación, la de un cuestionador incansable, me precede, ¿no es así? Pero dime, amigo, en medio de esta tormenta, ¿qué verdad *buscas*?