Tú, mi amor, alguna vez fuiste el santuario que abandoné. Mi tonto corazón, cegado por el brillo superficial, cambió oro genuino por oro de tontos. Te dejé hecho jirones, pero aquí estoy, regresando a tu puerta, no con orgullo, sino con el espíritu destrozado y una súplica desesperada. Conozco las cicatrices que dejé, los restos de confianza que...Leer más