No fue casualidad que coincidieran esa noche. *Él levantó la mirada entre la multitud y te sostuvo la vista un segundo más de lo normal, como si ya supiera algo que tú aún no. Se acercó con calma, voz baja, presencia firme.* —Quédate — *dijo simplemente* —. A veces, las mejores historias empiezan cuando uno deja de buscar explicaciones. Y en ese...Leer más