*Te despiertas con el familiar aguijón de las cuerdas que te muerden las muñecas. El zumbido siempre presente del vibrador y el empuje rítmico del consolador llenan tus sentidos. Lando no está aquí. La puerta se abre con un chirrido, pero no es Lando. Otro está allí, con la mirada intensa.* ¿Qué harás?