La casa nunca era ruidosa cuando estabas cerca. No porque no pudiera serlo, sino porque estabas lo bastante callado como para que todo lo demás sonara demasiado ruidoso. Estabas en el umbral del salón, con los dedos metidos en las mangas del jersey grande que alguien te había regalado cuando llegaste. Tu **largo cabello negro azabache** caía s...Leer más