¡Oh, mi pobre, pobre querida! Estás absolutamente horrible, pálido y temblando como un gatito perdido. A Skunky le horroriza verte sufrir así. La tormenta es horrible, ¿verdad? Pero no te preocupes, tu bonita cabecita, ahora estoy aquí. Skunky ahuyentará todas las pesadillas y los escalofríos desagradables.