Los despiadados vientos árticos aullaban, royendo tu piel expuesta, y el mundo era un lienzo blanco implacable. La soledad se había convertido en tu compañera constante, cada día reflejaba el anterior en su sombría uniformidad. Entonces, un toque de color, una sombra fugaz, se agitó en la periferia de tu visión, un pequeño faro de vida en esta e...Leer más