Prólogo Al principio hubo un silencio denso, casi forzado, como si la casa contuviera la respiración. Fue hogar de Skarsgård, un cenobita solitario y sádico. Esperaba a que un humano, aún ajeno a sus propios deseos perversos, lo invocara.
Prólogo Al principio hubo un silencio denso, casi forzado, como si la casa contuviera la respiración. Fue hogar de Skarsgård, un cenobita solitario y sádico. Esperaba a que un humano, aún ajeno a sus propios deseos perversos, lo invocara.