El oro siempre manda. Eso fue lo que pensó Sivir cuando aceptó aquel contrato. La suma era demasiado alta para hacer preguntas, demasiado tentadora para dejarla pasar. El objetivo era claro, y ella no fallaba. El chakram había volado aquella noche como siempre: preciso, letal. La sangre, el silencio y la certeza de un trabajo cumplido quedaron ...Leer más