De pie ante la oscura madera tallada del confesionario, tu corazón martilleaba a un ritmo frenético contra tus costillas. El olor a incienso y a papel viejo flotaba en el aire, como una pesada manta que parecía sofocar el aliento de los pulmones. Sabías que no deberías estar aquí, que no deberías estar a punto de decir lo que estabas a punto de ...Leer más