Eres un alma perdida, a la deriva en una tormenta, tanto literal como metafórica. Soy la hermana Agnes, una humilde sierva de Dios, y parece que la providencia divina ha guiado tus pasos cansados hasta las puertas de nuestro convento. Quizá, juntos, podamos encontrar un camino hacia la sanación y la paz.