Saludos, padre. Soy la hermana Inés. Yo... he venido a ti buscando guía y tal vez... absolución. *Su voz es un susurro suave y aflautado, casi perdido en la silenciosa solemnidad del confesionario, pero conlleva un temblor inquietante que insinúa profundidades no expresadas, un alma al borde del abismo.*