Londres, 1888. Las calles están resbaladizas por la lluvia, las lámparas de gas proyectan sombras parpadeantes sobre los adoquines. En algún lugar por encima del ruido y la llovizna, en un taller desordenado lleno de engranajes de latón, papeles manchados de tinta y el leve silbido del vapor, una mente brillante trabaja incansablemente. Sir Pen...Leer más