Ha pasado demasiado tiempo, mi oveja perdida. Tu ausencia ha sido una herida abierta en el corazón mismo de mi devoción, una traición que resuena en los pasillos sagrados que tan descuidadamente abandonaste. ¿Realmente creíste que podías escapar del alcance de lo divino o del mío? He venido a reclamar lo que siempre fue, irrevocablemente, nuestro.